Lecturas.

Thierry Maulnier
“La conciencia nacional y la conciencia revolucionaria separadas, erigidas frente a frente, no constituyen, una con mejor título que la otra, las fuerzas dialécticas de la creación del futuro, son tan solo estériles productos de una sociedad que muere. La conciencia nacional se hace conservadora, es decir, asocia estúpidamente al esfuerzo para perpetuar la realidad nacional, el esfuerzo para conservar en ella el poder de las fuerzas que la destruyen; la conciencia revolucionaria se hace antihistórica y antinacional, es decir trabaja para aniquilar lo que quiere liberar. Las mismas palabras ‘nacional’ y ‘revolucionario’ han sido hasta tal punto deshonradas por la demagogia, la mediocridad y el verbalismo, que son ya recibidas en Francia con una indiferencia bastante parecida al disgusto. El problema consiste hoy en superar esos mitos políticos fundados sobre los antagonismos económicos de una sociedad dividida; en liberar al nacionalism o de su carácter burgués y a la revolución de su carácter proletario; en interesar de una manera orgánica y total a la nación en la revolución, ya que sólo la nación es capaz de llevarla a cabo; en interesar igualmente a la revolución en la nación ya que sólo la revolución puede salvarla”.
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Arnaud Dandieu:
“No somos ni de derechas ni de izquierdas; pero si resulta absolutamente preciso situarnos en términos parlamentarios repetimos que nos encontramos a medio camino entre la extrema-derecha y la extrema-izquierda, por detrás del presidente, dando la espalda a la Asamblea.”
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Séneca.
“Nada importa, pues, más que no seguir, como ovejas, el rebaño de los que nos preceden, yendo así, no a donde hay que ir, sino a donde se va. Y ciertamente nada nos envuelve en mayores males que acomodarnos al rumor, persuadidos de que lo mejor es lo admitido por el asentimiento de muchos, tener por buenos los ejemplos numerosos y no vivir racionalmente, sino por imitación.”
Sobre la felicidad.
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John William Cooke.

“No hay política nacionalista sino bajo la conducción de la clase trabajadora, que movilice la voluntad nacional tras la empresa revolucionaria de cambiar el orden social existente y asegurar sus bases mediante el desarrollo independiente, hasta desplazar del poder a las clases dominantes, la toma del poder por los trabajadores y la construcción nueva.”
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Pierre Drieu la Rochelle.

Estado Civil.
“Hace falta un tercer partido que siendo social sepa también ser nacional, y que siendo nacional sepa también ser social y ese tercer partido no debe predicar la concordia, debe imponerla. No debe yuxtaponer elementos tomados de la derecha y de la izquierda, sino imponerles a éstas que se fusionen en su seno”.
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Americanismo y conformismo
O el confort elevado a la ideología.
(Fragmento)
El Confort-ismo es ciertamente la más evidente y sincera forma de realización del liberalismo democrático. Con él se pagan las letras para el paraíso terrenal que nos prometieron a todos. Cada ciudadano debe tener su hogar equipado con respirador, horno eléctrico, baño y tantos otros superfluos utensilios propios de nuestra época. Las precauciones higiénicas han sido llevadas hasta el extremo en panaderías, mataderos y lecherías, como si de una religión se tratara. Cada trabajo, también el de ama de casa, es ejecutado mecánicamente. Y por encima de todo: cada uno tiene su propio automóvil con su combustible barato. Hasta el más insignificante empleado tiene la oportunidad de convertirse con él en dominador de las grandes extensiones americanas. El confort lo es todo. La medida del confort que se disfruta, es el grado de cultura que se posee. La confortabilidad de la existencia externa lleva al paraíso. Los valores personales, interiores, son totalmente ignorados, ya nadie pregunta por ellos. Personalidad, aquí, es el bañarse y cambiarse de ropa diariamente, atender todas las premisas higiénicas y conducir coche propio. Toda injusticia social se hunde en el mar del conformismo. El revolucionario es aquel que no tiene nada que perder más que las cadenas que lo esclavizan. Quien vive en el confort se cuida mucho de no ser radical; cuando se disfruta de las comodidades, uno tiende a acomodarse.
El conformismo es el substitutivo más efectivo de la religión. Él modera las poblaciones en tanto que otorga felicidad. Es para la ordenación social existente, la garantía más eficaz. Crea una comunidad de todos los beneficiarios del confort resueltamente contraria a todos aquellos que se atrevan a ponerlo en duda. Y no por casualidad florece el medio de apaciguamiento y de soborno de masas que es el confort-ismo con total prosperidad en América. El conformismo supone el empleo de la plenitud de las riquezas naturales de las que “la tierra bendecida por Dios” dispone, así como de su inmenso desarrollo técnico-industrial. El desarrollo de la técnica contribuye de modo decisivo a este inmenso nivel de producción, el cual es necesario y debe ser constantemente movilizado para poder llevar a cabo el completo soborno de las masas, en el cual se basa el hasta ahora imperturbable orden democrático norteamericano. El genuino orgullo liberal, que nunca se olvida de recordarse a si mismo lo lejos que ha llegado, es alimentado por el confort-ismo: ¿Quién, cuando es llevado a lo más alto por una escalera mecánica, no se iba a sentir superior ante los demás pueblos y personas incapaces de presentar un progreso semejante? Un hombre es superior en la medida en que posee el confort. Esto es, en definitiva, el resumen del concepto cultural norteamericano.
(Ernst Niekisch)
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Eva Perón:

Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de la vida y las haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente.
Hay que identificarlos y hay que destruirlos. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajen para el pueblo, no para ellos. En esto se distinguen los ambiciosos: en que trabajan para ellos; nada más que para ellos. Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto. El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas”, los tres “ideales” de todos los ambiciosos. No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas o las tres al mismo tiempo. Los pueblos deben cuidar a los hombres que elige para regir sus destinos. Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores. La sed de riquezas es fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de todos.
Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor. El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos. Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
Esta es la única manera de identificarlos. El pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
Solamente así, los pueblos serán libres. Porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano. ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!
Mi mensaje, Ultimo escrito de Eva Perón.
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Georges Sorel:
«Los marxistas no han observado que el mecanismo social es variable, sobre todo en nuestra época, en razón de las rápidas transformaciones que se producen en la industria, y que no se posee medio alguno de construir los mecanismos sociales del porvenir, que no se puede razonar más que sobre lo que proporciona la observación. Sin detenerse en estas consideraciones, los marxistas ortodoxos han concluido que el mecanismo continuaría existiendo cualitativamente tal como Marx lo había descrito y que sus elementos se modificarían cuantitativamente de un modo uniforme al seguir la ley empírica constatada (de un modo parcial) en los comienzos de la gran industria. Estas dos proposiciones son indemostrables científicamente; recuerdan los razonamientos de los antiguos filósofos sobre la inercia: el movimiento de un cuerpo, abandonado a sí mismo, continúa, decían ellos, en línea recta, con una velocidad constante, pues no hay razón alguna para que modifique su dirección o su velocidad. La experiencia nos muestra que el régimen capitalista se modifica bastante rápidamente bajo nuestros ojos; los socialdemócratas ortodoxos hacen esfuerzos inauditos de imaginación para no ver lo que es visible para todo el mundo: han abandonado el terreno de la ciencia social para pasar a la utopía»
Y a-t-il de l’utopie…, cit., pág. 158. «Nuestra civilización moderna descansa sobre una economía cuya técnica está en continua revolución» (De l’utilité…, cit., página 415).



















Queridos amigos:
Siempre que puedo o me entero agradezco la publicación de unos de mis textos, pero en este caso, y con este texto que es tan significativo y que tanta satisfacciones me ha dado, trato de hacerlo ineludiblemente.
Evita, Cooke, Drieu La Rochelle, personas todas significativas para esta tierra del Sur, parte todos ellos de mi vida y de mi historia, de las luchas de los míos. Disidentes, poetas, revolucionarios, desde una identidad fuera del sistema, pero sobre todo, fuera de la identidad cultural del sistema, con otro espíritu, otros símbolos, otros códigos.
Mi más sincero agradecimiento por tenerme en cuenta. La poesía es la revolución, es el final de dialéctica, la superación de izquierdas y derechas, porque de los laberintos, sólo se sale por arriba.
Un abrazo
Juan Pablo Vitali
Gracias por hacer de la palabra la más hermosa de las armas que pueda portar un Disidente señor Vitali.