Por Carmen M. Padial
Muchas son las consecuencias de la crisis, muchas son las consecuencias de los desaguisados que cocinan los que gobiernan, a cara descubierta y por detrás. Uno de ellos es ver cómo va aumentado el número de mendigos en las calles de las ciudades de España, es ver crecer la miseria.
No me refiero a la miseria que palpita en las venas del que saquea al pueblo, el que se pavonea entre cochazo y cochazo, entre la 1º clase de un vuelo u otro, entre la casa en el campo o en la mejor calle de la gran ciudad. Me refiero a que apenas -en horas nocturnas- hay una calle donde no esté durmiendo, entre cartones, alguna persona, personas de aquí y de allí, nadie se libra de esa miseria que ha carcomido el tan cacareado bienestar de nuestra gente, un bienestar fantasma, inexistente.
No hay sitio en los albergues, algunos se matan por tenerlo. No hay un futuro fin para su drama y el egoísmo enquistado en la actual sociedad, no ayuda para nada. Y es que lo progre es ayudar por modas, ya no está de moda el tocar el tema de la indigencia, más que nada porque no habría manera -en sus formas tan “democráticas”- de llevar el país, de ponerle una solución real y útil al problema, que más bien es ineptitud, el fruto amargo de su inutilidad. Es mejor mandar víveres a Zimbabue, a Marruecos y a la madre que los parió, porque queda muy bien, mientras que dentro de tus fronteras hay quien mendiga tirado en el suelo de esas calles, hay quien muere de frio, o los que padecen los estragos físicos del no poder alimentarse diariamente.
La miseria no es solo la del que duerme en la calle, miseria es ver largas hileras de putas exhibiéndose en las calles como mercadillo de productos de segunda, tercera, cuarta…mano, saldos de domingo los siete días de la semana. Objetos usados y más que usados, se apostan en las paredes sin dignidad, jóvenes y no tan jóvenes, nacionales e internacionales. Mientras los chicos “bien” pasean por esas mismas calles, algunos bebidos, otros no, con novia o sin ella, en grupo de 5 o de dos, como si nada pasara, se mezclan los Lacoste con el pachuli barato de la puta que se cruzan, miseria en conclusión, no sé cuál de ellos posee más, la verdad…
Gente que recurre a pedir limosna en una u otra calle, la miseria les lleva, les conduce y nadie puede darles alternativas, con casi dos millones de hogares en este país donde no entra ni un solo sueldo ni ayuda ¿qué puedo esperar? Miseria.
La misma y resistente miseria que encuentro en esos jóvenes que gastan sus vidas en botellones, en discotecas de moda, en la droga de diseño más “in” que le ha pasado un colega…Miseria.
Pero nada es comparable con la miseria que gastan los gobernantes, los que deben gobernar, guiar, este es el camino que nos ofrecen, esta es la vida que han dejado para su pueblo. Deseducación, vaciado de valores, envilecimiento de la conciencia de comunidad, egoísmo, materialismo, miserias…Miserias del alma humana que se debate contra sí misma y no contra el que es verdaderamente el enemigo.
Fragmentan el sentir nacional, para restar fuerza a la totalidad del pueblo. Arrancan creencias religiosas para abonar aun más la fe en el materialismo, el nuevo dogma de Occidente. Defendemos la muerte, aniquilamos la vida. Yo seré el primero y tras de mí, no dejaré ni al último. Donde se borra historia, se escupe a las tradiciones, se ensalza al traidor y al invasor ¿Quién puede ver más que a miserables? Y nos distraemos con el cebo que nos lazan, unos envenenados y otros travestidos, pero caemos. Si la crisis fuera menos crisis en Valores, no habría tanta lágrima escondida, ni cuerpo que descanse en mitad de la calle, tampoco habría tantas fulanas en venta o gratis, tampoco habría tanto ebrio desgastando su vida cuando apenas la dio comienzo, y supongo que tampoco habría tanto parásito gobernante guiando hacia el desastre a este país, estarían donde merecen, donde descansa todo traidor cobarde finalmente cuando la justicia se cumple.
¡Cuánta añoranza viene a la mente de gestas de pueblos que un día decidieron levantarse contra bastardos gobernantes!
Mientras que los deseos se cumplen, o no, habrá que seguir trabajando, porque al que la degradación de su pueblo, el dolor de su gente, y los que nada hacen por cambiar las leyes que oprimen a su comunidad nacional, son otros tantos más de esos miserables ¿Y no querremos ser uno de ellos no?















